Las voces entrechocaban unas con otras, nadie compartía el mismo punto de vista de los demás y ninguno quería dar su brazo a torcer. El concilio había sido un fracaso, todo el esfuerzo sería en vano. Allí se reunieron la mayoría de notables de Middenheim, de las principales ciudades de Middenland e incluso de más allá de sus fronteras. Donde solo debería haber representantes religiosos del Culto del Lobo, había desde capitanes y burgueses a escuderos y pajes. Esto se debía a que el culto estaba descompuesto y había sido casi destruido desde su núcleo. El alboroto era ensordecedor. La mayoría de los presentes eran representantes en funciones de sacerdotes, que seguían luchando contra las fuerzas del caos o que simplemente habían muerto y todavía nadie ocupaba sus puestos.
